El mandatario brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, y el senador Flávio Bolsonaro, principal candidato de la oposición, arrancaron este domingo la campaña para las elecciones presidenciales de octubre en sus respectivas cunas políticas, con la promesa de combatir el crimen organizado.
Ambos candidatos eligieron lugares cargados de simbolismo para dar el pistoletazo de salida a sus 45 días de campaña.
Lula, en busca de su cuarto mandato no consecutivo con 80 años dio su primer mitin en el Estadio Municipal Primero de Mayo, en São Bernardo do Campo, a las afueras de São Paulo, donde se forjó como sindicalista y lideró manifestaciones masivas en la dictadura militar (1964-1985).
El abanderado del Partido de los Trabajadores (PT) reunió a miles de militantes en un acto teñido de rojo, en el que se recordó su lucha obrera y el legado social de sus gobiernos.
Lula quiso dar una demostración de fuerza en São Bernardo do Campo. Su Partido de los Trabajadores (PT) organizó caravanas de militantes desde distintos puntos del país y prácticamente llenó el estadio de Vila Euclides, según constató EFE.
Después de los discursos de sus principales aliados, el antiguo tornero mecánico habló durante cerca de 40 minutos, en los que destacó su trayectoria personal, las iniciativas sociales de sus gobiernos y algunas promesas.
«Mientras esté vivo, no me permitiré dejar de luchar y permitir que la derecha» vuelva a gobernar, enfatizó.
Por otro lado, prometió luchar contra los feminicidios y combatir el crimen organizado golpeando sus finanzas y capturando a sus líderes. Brasil es el cuartel general de dos de las principales bandas suramericanas: Primeiro Comando da Capital (PCC) y Comando Vermelho (CV).
El antiguo sindicalista evitó valorar las interferencias de Estados Unidos en el proceso electoral y se limitó a decir que no permitirá a EE.UU. ni a ninguna otra potencia aprovecharse de las enormes reservas de minerales críticos que atesora Brasil.
Pese a lanzar críticas veladas, tampoco mencionó por su nombre a Jair Bolsonaro ni al hijo mayor de este.
Todos los sondeos indican que el próximo jefe de Estado de la mayor economía latinoamericana se decidirá entre Lula y Flávio por un estrecho margen.
El último de la firma demoscópica Quaest, publicado el viernes, reflejó un empate técnico en una eventual segunda vuelta, con Lula con el 43 % de los apoyos y Flávio, con el 40 %. Un 4 % se declara indeciso.
La otra decena de candidatos inscritos en la Justicia Electoral no llegan al 5 % de las intenciones de voto.












