Los retornos de venezolanos superan las salidas por las fronteras terrestres, pero el aumento no significa que la crisis migratoria haya terminado ni que quienes regresan se queden definitivamente en el país.
Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), entre enero y septiembre de 2026 las entradas terrestres representaron el 61 % de los movimientos registrados en las fronteras con Colombia y Brasil, con más de 20.000 personas que ingresaron con intención de permanecer. La proporción fue ocho puntos porcentuales superior a la del mismo período de 2025.
A finales de 2024, unos 7,9 millones de venezolanos vivían en el exterior, de los cuales 6,7 millones estaban en América Latina y el Caribe.
El aumento de los retornos responde a múltiples factores: reunificación familiar, trámites administrativos, experiencias migratorias fallidas y restricciones para regularizarse en otros países. La xenofobia y las deportaciones también empujan a algunos migrantes a regresar sin garantías humanitarias.
Sin embargo, las condiciones económicas, políticas y de los servicios básicos en Venezuela siguen dificultando la reintegración. Carlos Rodríguez, investigador del Centro de Derechos Humanos de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), advierte que muchos retornados no encuentran mecanismos para establecerse y desarrollar una vida en el país.
Aunque seis de cada diez retornados encuestados por la OIM manifestaron su intención de permanecer en Venezuela por tiempo indefinido, la organización aclara que esa voluntad no garantiza que el regreso sea permanente.
Así, el cambio en las cifras fronterizas refleja un aumento de los retornos, pero no el fin del éxodo venezolano, marcado por la incertidumbre y la falta de condiciones para una reintegración sostenible.














