Transcurrieron casi once años para que Miriam del Carmen Ortega volviera a escuchar la voz de su hijo, Gusmán Umberto Ramírez Angarita, detenido en Venezuela desde que tenía 27 años de edad. Hace apenas dos semanas, gracias a una gestión de la Cruz Roja, luego de que las autoridades consulares colombianas ignoraran sistemáticamente sus peticiones, pudo obtener una fe de vida.
En esa llamada, Ortega tuvo que darle a su hijo la noticia que había guardado con mucho dolor para cuando supiera de su paradero. «Papi, yo tengo que decirle la verdad: su papá tiene 4 años y medio de haber muerto». La madre relató que fue el desespero más grande de su vida, pero prefirió enfrentar el hecho «porque es mejor una verdad dolorosa que una mentira piadosa», publica lapatilla.com.
Ramírez Angarita, quien actualmente se encuentra recluido en la cárcel de El Rodeo, fue detenido en la población fronteriza de Ureña, estado Táchira. En ese momento, un supuesto abogado contactó a Ortega para exigirle 20 millones de pesos colombianos (5.700 dólares) a cambio de la supuesta liberación de su hijo, pero a su vez le advertía que si salía, no garantizaba que lo volvieran a detener a las dos cuadras.
Ante la falta de recursos y el miedo ante esta extorsión, la madre guardó silencio durante años. «Él me dijo que si yo denunciaba, me torturaban y me mataban a mi hijo, y por eso me aguanté», recordó.
Ante la falta de respuestas de la administración de Gustavo Petro, a la que acusa de ignorar por completo a las familias de los connacionales presos políticos en Venezuela, ahora sus súplicas son para el presidente electo de Colombia, Abelardo de la Espriella.
Le pide una audiencia junto con los familiares de los 20 colombianos privados de libertad en cárceles venezolanas, a fin de exigir su mediación antes de que la salud de su hijo siga deteriorándose y sea tarde.
«No quiero que me pase como la señora Carmen Navas, como esa otra señora que se ha muerto, no quiero que me entreguen a mi hijo muerto, no quiero que cuando salga mi hijo, yo ya esté muerta sin poder darle un abrazo o un beso», manifestó Ortega.
La madre teme que las recientes réplicas sísmicas registradas en Venezuela pongan en riesgo la vida de los internos, y que a su hijo le ocurra lo mismo que a los venezolanos que fueron deportados de Estados Unidos y murieron bajo custodia en los terremotos.
Igualmente, denunció el desinterés de la Cancillería colombiana durante el gobierno saliente. Recordó que en diciembre pasado, la canciller le pidió que no escribiera más a los enlaces de contacto porque salían de vacaciones.
«Ellos sí tuvieron vacaciones, nosotros seguimos presos con nuestros familiares», cuestionó.
La asistencia médica y procesal para Ramírez Angarita ha sido inexistente. Asegura que su hijo continúa tras las rejas sin que se haya realizado un juicio en su contra.
«Inculpan a los extranjeros de todos los delitos que a ellos se les plazca, no solo a los extranjeros, sino a los venezolanos también», aseveró.
Suplicó al presidente electo de la Espriella que solicite a Donald Trump que interceda por los presos políticos colombianos en centros carcelarios de Venezuela.
Con información de lapatilla.com














